‘Juntxs defendemos nuestra Madre Tierra’, ‘Mi Lak Tyeñ Kotyañ Lak Ña’Lum’: Documental sobre la inseparabilidad de la tierra, la cultura, la gobernanza y la sociabilidad

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Muchos pueblos originarios del estado de Chiapas, en el sureste mexicano, han estado al frente de la lucha por la tierra y la cultura, que para ellos son inseparables. Durante siglos han sufrido el despojo cultural y territorial –donde el despojo territorial casi siempre conlleva el despojo cultural–. Los gobiernos federal, estatal e internacionales así como corporaciones y negocios encuadran dicho despojo en un discurso de “desarrollo” y “progreso”. Al contrario, organizaciones de Derechos Humanos y las poblaciones afectadas explican que el despojo debe ser entendido en su contexto y como parte de una guerra de baja intensidad y de contrainsurgencia, que se ha intensificado como respuesta al levantamiento zapatista de 1994 y el establecimiento de las Juntas de Buen Gobierno en 2003. Uno de los ejes en disputa en esas luchas contra el despojo es la figura legal del ejido. Los ejidos son propiedad social de los ejidatarios, y todos los asuntos relativos a ellos se resuelven en asamblea y por comisionados electos. La figura del ejido quedó establecida en la Constitución Mexicana después de la Revolución. Los Tratados de Libre Comercio y las políticas derivadas de dichos tratados intentan abolir o debilitar esa importante figura legal.

La comunidad indígena ch’ol de Tila ha luchado durante décadas por defender 130 hectáreas de su ejido. Esa tierra se encuentra en el pequeño poblado de Tila y sus alrededores, e incluye tierra agrícola y urbana. En la comunidad de Tila viven ejidatarios (indígenas ch’oles) y habitantes urbanos (mestizos). Los primeros se gobiernan por asamblea; hasta diciembre del 2015, el gobierno municipal gobernaba a los segundos. La figura legal del ejido protege la comunalidad y la propiedad colectiva de la tierra; el poblado, al contrario, se gobernaba y se legislaba según las leyes de la propiedad privada.

Las 130 hectáreas en disputa fueron ocupadas ilegalmente en la década de 1960 por el gobierno municipal mestizo. Años después, los ejidatarios ganaron un amparo contra el despojo de sus tierras; sin embargo, lo que el ayuntamiento ofrece al ejido es una indemnización por sus tierras, mientras que los ejidatarios exigen la restitución de la tierra, pues ésta es la base de su vida social y cultural. Los ejidatarios llevaron el caso hasta la Suprema Corte de Justicia. Mientras se prolongaba la decisión de la Corte, el ayuntamiento intentó destruir la cohesión comunitaria de los ejidatarios y desgastarlos para aceptar la indemnización por sus tierras, por medio de una campaña de hostigamiento constante, como la introducción de medidores de agua y el cobro de dicho recurso, a pesar de que los manantiales se encuentran en tierras ejidales.

Juntxs defendemos nuestra madre tierra, dirigida y producida en colectivo por la comunidad ch’ol de Tila y la productora independiente Terra Nostra Films, usa el género documental como una suerte de carta pública: originalmente estaba destinada a los jueces de la Suprema Corte. En el documental, lxs ejidatarixs explican en palabras e imágenes por qué esta tierra es inherente y esencialmente invaluable, y por qué la figura legal del ejido no se refiere sólo a la tierra comunal, sino también a la vida social y cultural y a la posibilidad de autogobernarse. El documental se terminó antes de que el ejido, que es adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del EZLN, declarara su autonomía el 16 de diciembre de 2015, como respuesta a las décadas de despojo y a la ola de violencia y represión.

El trabajo de cámara nos insta a mirar la tierra, los paisajes, la gente, los espacios y las prácticas comunales de tal forma que la cámara no los capture ni la mirada se apropie de ellos. Como en otras producciones de Terra Nostra, no hay la voz de un narrador exterior: los miembros de la comunidad hablan por sí mismos, y el espectador/oyente se ve desafiado a aprender a escuchar las inflexiones y las formas de hablar de las personas involucradas en la lucha por su tierra. Es así que surge una poética visual y verbal de la resistencia como parte de una forma ética, política, filosófica y práctica de vivir y relacionarse entre la gente, con el entorno social y con los ambientes construidos y sociales… no como una manera de “apropiarse” o de “obtener acceso”, sino como una forma de compromiso que busca una plenitud esencialmente invaluable.

Más información en el sitio gestionado por el ejido Tila:
http://laotraejidotila.blogspot.mx/
https://www.facebook.com/ejidotila.sexta

El documental está disponible aquí:

vimeo link:

youtube link:

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